Novak Djokovic se ha llevado nuevamente toda la admiración y todos los elogios pese a quedarse a las puertas de su soñado título número 25 de Grand Slam. El serbio volvió a maravillar al mundo con su capacidad de resiliencia y de sacrificio a sus casi 39 años, siendo solo frenado por Carlos Alcaraz en la gran final del Open de Australia.
Cerca estuvo el serbio de escribir una nueva página de oro en su libro de una historia que cerca estuvo de ser muy diferente. Así lo explica el escritor y periodista Billy Oppenheimer en su artículo sobre 'Nole', en el que cuenta que los días después de la eliminación de Roland Garros 2010 marcaron un antes y un después en su vida.
Días después de caer eliminado en los cuartos de final ante el austríaco Melzer, Novak Djokovic atravesó uno de los momentos más críticos de su carrera profesional. A pesar de ser el número tres del mundo, campeón de un Grand Slam y uno de los grandes favoritos para Wimbledon, el tenista serbio llegó a comunicarle a su entrenador, Marian Vajda, su intención de abandonar el tenis.
La confesión sorprendió a Vajda, quien reaccionó con una pregunta aparentemente simple pero decisiva: “¿Por qué empezaste a practicar este deporte?”. Según el propio técnico, el problema era claro. Djokovic se encontraba atrapado en la presión de los rankings, los récords, los títulos y las expectativas externas, una situación que el jugador describió como un “estado mental de caos”.
Al reflexionar sobre la pregunta, Djokovic recordó sus primeros años de infancia, cuando su objeto más preciado era una pequeña raqueta de tenis y una pelota de espuma. Su respuesta fue directa: había empezado a jugar porque amaba tener una raqueta en la mano.
Vajda fue más allá y le planteó una segunda cuestión: “¿Todavía te gusta sostener una raqueta en la mano?” Tras unos segundos de silencio y visiblemente emocionado, Djokovic respondió que sí. Aseguró que seguía disfrutando del juego tanto en una final de Grand Slam como en una cancha pública, simplemente por el placer de jugar.
El entrenador entonces le aconsejó desconectarse de los objetivos externos y tomarse unas semanas de descanso. Djokovic aceptó, aunque la decisión duró poco. A la mañana siguiente, sintió una necesidad irresistible de volver a las pistas y golpear pelotas sin otra motivación que el disfrute del juego. “Empecé a jugar con libertad”, recordó más tarde el tenista serbio. “Me convertí en el niño que era cuando empecé a jugar”.
Ese cambio de enfoque marcó un antes y un después en su carrera. En la temporada siguiente, Djokovic firmó una de las campañas más impresionantes de la historia del tenis: encadenó 43 victorias consecutivas, conquistó tres títulos de Grand Slam —incluido su primer Wimbledon— y cerró el año como número uno del mundo.
El duro revés que sufrió en 2010, no fue nada más que el inicio del que acabaría siendo el mejor tenista de la historia hasta el momento, aunque bien pudo suponer el final de la carrera de Novak Djokovic.
2026-02-04T10:44:02Z